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Hoy me gustaría hablar de cine. No crean que soy una entendida, aún me queda largo camino por recorrer, pero sí estoy comenzando a educar vista y oído en todo lo referente a material audiovisual.

Hace unos años, tenía cierto recelo a las películas antiguas. Me he criado viendo cine sonoro y a color, nada de subtítulos, nada de blanco y negro, pocos planos fijos largos. Y esto, queridos camaradas, es a lo que nos tienen acostumbrados hoy en día. Vivimos habituados a superproducciones de gran presupuesto, efectos especiales por doquier y acciones muy rápidas, de muchos planos -montaje picado, para los entendidos-. Ya no sabemos apreciar una buena película de acción lenta, porque automáticamente la calificamos como tal, lo que connota aburrimiento, tedio, pesadez.

Sin embargo, desde hace un par de años, me siento cada vez más inclinada al género del cine clásico, los grandes clásicos de la historia del cine, desde sus inicios hasta hoy día, y ello me ha llevado a descubrir a grandes autores como Eisenstein, Segundo de Chomón, Godard, Billy Wilder, Lubitsch, Renoir, Chaplin y Murnau, entre otros muchos.

Distintos directores de distintas épocas, algunos contemporáneos, otros sucesores, marcados por el contexto histórico y los distintos movimientos correspondientes a cada década y región -el impresionismo francés, el surrealismo alemán, la Nouvelle Vague…-.

¡Y qué decir, por supuesto, de los grandes mitos de la época dorada! Elizabeth Taylor, Grace Kelly, Vivien Leigh, Marilyn Monroe, Audrey Hepburn, Jack Lemmon, Walter Mathau, Ava Gardner, Susan Sarandon, Lauren Bacall, Ingrid Bergman, Humphrey Bogart, Clark Gable, Cary Grant, Gary Cooper, James Dean… Todos y cada uno de ellos pertenecieron a la gran era hollywoodiense del star system, dejándonos grandes obras para ver y admirar, grandes obras dirigidas por brillantes maestros e interpretadas por magníficos artistas.

Pero en fin, no puedo enredarme ahora deteniéndome en todas y cada una de esas maravillosas películas, por lo que ya iré hablando de ellas, poco a poco, según me vaya pidiendo el cuerpo.

Así, para terminar, les dejo con la famosa secuencia de Casablanca:

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